ANTROPOLOGÍA Y ENFERMERÍA

CORRIENTES ANTROPOLÓGICAS QUE HAN DETERMINADO LOS CUIDADOS

La antropología de los cuidados y la enfermería transcultural sólo pueden desarrollarse en un marco científico-ideológico democrático y sociocrítico.

Respecto al estado de la cuestión y las publicaciones específicas de antropología de los cuidados, sin duda alguna hay que empezar haciendo referencia obligada a Madeleine Leininger quien, en la década de los cincuenta, aplicó por primera vez el método antropológico a la enfermería.

Fundó el campo “enfermería transcultural” mediante la fusión de dos conceptos que procedían de dos disciplinas distintas: la cultura (procedente de la antropología) y el cuidado (procedente de la enfermería) (Leininger, 1978, 1995).

Para que esta conjunción resultara armoniosa, la doctora Leininger ha realizado una serie de reflexiones sobre los conceptos esenciales de enfermería y antropología apoyando este trabajo teórico en un sólido y amplio abanico de trabajos de campo (Leininger, 1970, 1988, 1991, 1995); y todo ello en el marco de los planteamientos éticos que toda actuación de enfermería implica (Leininger, 1990).

Entre los seguidores más destacados de Leininger se encuentran: Rorbach, que ha trabajado la enfermería transcultural centrándose en la universalidad y la diversidad de los cuidados (Rohrbach, 1996, 1998). Colliére ha contribuido de forma decisoria en el desarrollo de la antropología de los cuidados en Europa llamando la atención sobre el origen doméstico de la enfermería (Colliére, 1989, 1993).

La ciencia en general, pero la antropología en particular, captan y definen la realidad mediante interpretaciones. Ya Geertz equipara el antropólogo a un autor destinado a rescribir constantemente lo observado en el “campo” (Geertz, 1989).

En consecuencia, la diversidad cultural es un hecho que hay que conjugar con una constante: la dualidad interpretativa de todos los fenómenos.

Los conceptos de “Emic” y “Etic” fueron acuñados por K.L. Pike para explicar el hecho de que cualquier fenómeno social, cultural, económico o sanitario tiene dos formas básicas de interpretación. Siguiendo al profesor Gustavo Bueno, se puede afirmar que cuando se tratan de reproducir los contenidos culturales tal como se les aparecen a los individuos que pertenecen a la cultura de referencia se está aplicando una perspectiva “emic”. Por el contrario, cuando se trata de reproducir o describir los contenidos culturales teniendo en cuenta elementos, factores y conocimientos externos a los individuos que pertenecen a la cultura de referencia se está adoptando una perspectiva “etic”.

Para clarificar el contexto en el que surgen diferentes ramificaciones o especialidades antropológicas, sería conveniente resumir, siquiera brevemente, el origen y evolución de la disciplina antropológica. La denominada “Antropología Social” tiene su origen en Gran Bretaña y sus puntos de partida metodológicos y teóricos se inspiran, fundamentalmente, en la sociología colonial británica de la segunda mitad del XIX y las primeras cinco décadas del siglo XX.

Los antropólogos sociales estudian las culturas más o menos exóticas o pintorescas de las colonias desde la mentalidad occidental. Por su parte, la “Antropología Cultural” se desarrolla en Estados Unidos, aunque su primer representante es el antropólogo hebreo alemán Franz Boas, quien interpreta y explica las culturas desde la particularidad de las mismas, según criterios historicistas que consideran la evolución aislada (no contaminada).

Esta forma de interpretar los cuidados implica la necesidad de considerar, como factores claves de su estudio, no sólo el mundo de los hechos y comportamientos (como fenómenos observables en la superficie de la sociedad y, por tanto, los más fáciles de valorar), sino también aquellos factores que permanecen ocultos bajo la superficie de lo explícitamente manifiesto y que, sin embargo, desde su invisibilidad determinan que tal comportamiento o estilo de vida se produzca de una forma y otra.

Estos factores ocultos constituyen las raíces de los comportamientos, saludables o no, y determinan de forma radical las tendencias de los comportamientos y el hecho de que éstos se transformen en hábitos al mantenerse constantes en el tiempo. Los estilos de vida saludables y no saludables se corresponden con tendencias conductuales estables durante largos períodos de tiempo y su perseverancia o resistencia al cambio es directamente proporcional a la fortaleza de sus raíces (ideas, valores, creencias y sentimientos).

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