ANTROPOLOGÍA Y ENFERMERÍA

LA FAMILIA COMO UNIDAD DE EXPRESION DE LA CULTURA.

Al hablar de cultura familiar nos referimos a los patrones, normas costumbres, mitos, ritos que caracterizan los vínculos intersubjetivos entre los miembros del grupo familiar Esta cultura es experiencial constituye un momento clave en la formación de los significados de los que se nutre la identidad.

Dentro de la cultura experiencial en la familia, los mecanismos que entran en la construcción de significados son: observación e imitación, experiencia directa y comunicación interactiva.

Para la formación de la identidad personal no resulta suficiente el conocimiento adquirido, las representaciones y percepciones de la realidad que deviene de los vínculos familiares y que le permiten orientarse en la realidad.

Además de esta dimensión cognitiva debe existir una dimensión afectiva, y es en esa unidad de lo cognitivo y lo afectivo que la cultura familiar cobra significado a través de las vivencias que provocan las experiencias intrafamiliares reconociéndose como diferente.

Aunque aparecen los sentimientos de pertenencia, la identificación con los padres y siente que comparte tradiciones, costumbres y patrones que lo identifican como miembro de esa familia.

La cultura familiar como potenciadora de la identidad personal. puede contribuir a una cultura para la convivencia no solo en el ámbito familiar sino que lo trascienda y se exprese en cualquier escenario social.

En este sentido, la cultura familiar formaría valores tales como la tolerancia, que es la aceptación de la diferencia y la negativa a imponer criterios por la fuerza de la autoridad, ello demanda la creación de normas familiares consensuadas y delimitación de las responsabilidades y el reconocimiento de los derechos de todos.

Educar es desarrollar plenamente las potencialidades de la persona. A la familia como primer ámbito de encuentro con la cultura le corresponde un lugar destacado en el proceso de socialización que ha de discurrir desde la heteronomía hasta alcanzar, al finalizar de su adolescencia, la autonomía, la diferenciación y la capacidad de tomar decisiones y responsabilizarse de sus consecuencias y definir su propia identidad.

Una cultura familiar mediada por estilos de relaciones de sobreprotección excesiva daña el equilibrio y la formación de una personalidad fuerte. Asimismo, la falta de atención o el abandono crearán disfunciones en el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos.

Hoy a la luz de la aparición de nuevos agentes socializadores que son hasta más atractivos en la manera de comunicarse el miedo puede aumentar y la sensación de pérdida de ese control sobre los hijos se torna cada día más complejo. Los jóvenes se parecen más a su tiempo que a sus padres han sentenciado, sería ingenuo cerrar los ojos o intentar educar a nuestros hijos en una cámara al vacío aislado de todo aquello que pensamos lo pueda contaminar y nos escandalizamos al escucharlos renegar de costumbres, normas y tradiciones de la familia ,de su nación y soñar con los sueños que le ofertan en mensajes enlatados y adoptar modelos ajeno a nuestra cultura que pudiera significar la asimilación o la integración o la pérdida de los elementos distintivos de propia identidad.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: